HABLAMOS
Es verdad que dices cosas que no me gustaría oír entonces agarro el mando de la tele y sin que lo notes, empiezo a subir el volumen lenta lentamente tan lentamente que confundes el ruido de la tele con el estruendo de los aviones el que rompe bandadas de pájaros ahí fuera igual sería mejor que me lo escribieras por whatsapp así haría uso de las tic para ignorarte pero sigues hablando sin parar de lo caras que están las cosas de los turnos cambiantes de tu trabajo de que la vida es una lucha por la supervivencia, y yo aprieto con más rabia el signo más del mando de la tele a medida que pienso que la vida es, o debería ser, otra cosa, y tú gritas más y más para contrarrestar el ruido de los aviones de ahí fuera hasta que llega la vecina a quejarse del volumen de la tele, y de repente nos miramos los dos, aterrados, sin saber qué hacer con la mirada, porque sería cruel abandonarla como si nada, porque duele no seguir ese hilo de luz transparente que nos llevaría al beso, como pasaba...