¡VIVA LA IMAGINACIÓN!

 Oscar Wilde, que escribía para llevarse la contraria, decía que el rostro es lo menos representativo de uno.

Recuerdo la historia de un pintor italiano que pintaba a su mecenas de lado para que no se notara que era tuerto.
Picasso les decía a sus musas que no importaba que no se reconocieran, que ya un día lo harían.
Seurat diseminaba puntitos azules que al alejarte parecían un río.
Si miras de cerca los bosques de Patinir verás que son azules.
No hay pecado en mirarnos sin realismo. Pues el realismo no es más que el comienzo del olvido.


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