LA PALABRA CIPRÉS
La historia de Ganímedes con Zeus no es la única relación homoerótica que la mitología greco-romana nos ha regalado. Una historia menos conocida es la de Cipariso, que enamoró a Apolo, y este, en señal de su amor, le regaló un ciervo al que Cipariso domesticó, y vivió con él como auténticos hermanos. Pero quiso el infortunio que Apolo le regalara una jabalina con la que poder disparar, y en uno de sus tiros, Cipariso se equivocó, matando al ciervo que lo acompañaba fielmente. La pena de Cipariso fue infinita, y antes de morir, pidió a Apolo que lo transformara en ciprés, para llorarle eternamente a su amado ciervo.
Las glábulas que ves en la imagen son las "lágrimas" del ciprés. La tradición cristiana lo llevó a los cementerios, como símbolo de resurrección, por estar mirando al cielo, pero en la tradición de autores romanos como Paulo Festo o Servio, el ciprés representa la muerte eterna, ya que si se corta la copa del ciprés, este jamás renacerá de su tronco, consagrándose a Plutón, sinónimo de Hades, Dios del inframundo, de donde los muertos no podrían volver jamás.



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