PALABRAS QUE NO EXISTEN EN ESPAÑOL

 Existe mucha literatura de postín en redes sociales acerca de expresiones “bellas” que aparentemente no existen en español, afirmación errónea si aplicamos el principio de efabilidad, según el cual, cualquier texto puede traducirse a otro idioma. Cosa diferente es que un idioma exprese algo en una sola palabra, mientras que otra lo haga en varias. El hecho de que en español digamos desvelarse y en inglés stay up, no hace más rico al primero. Sí que es cierto que los phrasal verbs conceden al inglés una suerte de riqueza connotativa que el español no encuentra en la unión de verbos y preposiciones, pero que sí podría encontrar utilizando lexemas diferentes y un gran número de morfemas. Las lenguas nacen y se desarrollan de acuerdo con sus necesidades, y es la realidad exterior la que le da forma y la hace evolucionar. El papak filipino alude al acto de comer sin arroz, cosa que en español no es necesario ya que la acción de comer no engloba la necesidad de comer con arroz. El ejemplo más recurrente es el del inuktitut, que tiene muchas formas de hacer referencia al color blanco, con sus innumerables tonalidades, por la abundancia de la nieve, y esta misma, llamada qanik, cuando son copos de nieve en el aire, y aput cuando está en el suelo. 

El náhuatl tiene palabras para sonidos que nosotros no sabríamos ponerle nombre. Piensa ahora mismo en el sonido de una tela rompiéndose. ¿Puedes imaginarlo en tu cabeza? Ahora ponle nombre… La antiquísima lengua mexicana lo llamaría jajatzaca. Ahora piensa en dos metales chocando: chalaní. Una fruta cayendo al suelo: totzpa, o el ruido de mujeres riendo, lindo, ¿no? Ajcahuetzcato. El castellano cuenta con la palabra técnica hiperdactilia o polidactilia, consistente en tener un dedo extra en el pie o en la mano, pero el náhuatl ya prestó al español de México la palabra chicuace, aféresis de mapilchicuace (seis dedos en la mano) y xopilchicuace (seis dedos en los pies). Actualmente considerada una “anomalía”que se produce con antecedentes de consanguinidad, aparece representada en el arte prehispánico de Chiapas y Palenque como un signo de divinidad. A los filólogos nos atraen las palabras intraducibles como a los zoólogos las especies raras, Son profundos vacíos en el idioma que asombran por el vértigo de la ausencia, de la palabra que captura una sola idea. Ella Frances Sanders en su libro Lost in Translation se dedicó a recopilarlas todas, no sin caer en el “error” de que las lenguas aglutinantes son capaces de combinar varias palabras en una para expresar una idea. Insisto en mi idea inicial. La perífrasis no tiene por qué ser menos expresiva. Digamos que porque el inglés diga easier donde el español dice más fácil nadie va a pensar que el inglés es “mejor” o más expresivo que el español. Lo que es más difícil de traducir es la connotación, el valor expresivo que tiene cada palabra en cada idioma. Incluso dentro de un mismo idioma una palabra adquiere valores connotativos en cada uno de nosotros. Si yo uso la expresión chiquillo, solo el hablante que me conoce puede reconocer la expresividad de tal palabra. Deja al chiquillo. (no lo molestes, es indefenso y tú tienes más recursos que él). Sanders señala la palabra galesa hiraeth como una de sus favoritas. Podríamos decir que significa nostalgia, añoranza, pero afirma Sanders que hiraeth va más allá. Hiraeth representa la nostalgia de los lugares a los que no puedes volver, de los lugares que nunca existieron. Al morir mi madre, incapaces de cubrir los gastos de su casa y de cuidarla, mis hermanos y yo decidimos alquilarla. A día de hoy la casa sigue en arriendo, de manera que cuando voy a mi pueblo, paso delante de ella con una suerte frustración, fascinación y extrañeza de no poder entrar dentro de lo que una vez fue tan mío, porque yo nunca he tenido casa más que esa, y he vivido en al menos diez lugares diferentes. Pero, ¿debería usar la palabra hiraeth para evocar esa especial nostalgia? La respuesta creo que es evidente: no, nadie me entendería. Una palabra solo es palabra cuando un buen número de hablantes la utiliza. Sin código común no hay lengua. 

Das, das, das. Ese es nuestro secreto “te quiero”, Cris, el que solo sabemos tú y yo cuando sentimos que alguien puede ojear nuestro whatsapp y hacernos sentir incómodos. ¿Deberíamos decir pues que ese onomatopéyico das es una palabra? Para nuestro universo íntimo sí. Para el resto del mundo, no. 


HIRAETH 

Puede que un día pases por la puerta de la casa en que creciste. Veas el cartel en venta y decidas entrar fingiendo ser un comprador interesado. 

Te maravillarás con la calidez ambarina que la envuelve a las cinco de la tarde. Te dejarás guiar por las humedades que sufre el gotelé buscando una vez más mapas de países, figuras de animales o caras de muertos. Se te revelarán todas como si por ensalmo dominaras una lengua muerta.

La cocina expuesta  a tempestades de donde salieron los mejores manjares que puedas echarte al buche.

El olor a suavizante que viaja como fantasma amable desde las habitaciones de arriba. 

El raquitismo congénito de sus tabiques que daba vía libre al infierno en verano y a la tiritera del invierno. 

La humedad cavernosa que henchía las puertas y hacía imposible que cumpliesen su misión más básica: cerrar. 

Más al fondo, en el lavadero (antigua cocina de leña) verás las manos de tu mano en remojo en la pila. Pálidas y blancas, como de madera. Como si las hubieran arrancado de la imaginería de Salzillo. Sus manos sagradas mortificadas por el síndrome del túnel carpiano. Querrás beberte el agua tibia y blanquecina con que escurría tus calzoncillos. El futuro de cada una de tus noches será el pasado. Llegará a ti en forma de sueño justo al inicio de cada uno de tus Rapid Eye Movements. 

Volverás a ver el cuarto de baño, las baldosas donde derramaste tu primer y mejor semen. Tu brillante trascendencia desparramada por el suelo. Tu primer campo de batalla, preludio de la guerra que luego vendría.

Detectarás de manera insultante la carencia que te acompañó desde el principio. Pero no lamentarás nada en absoluto. Ni por un instante. 

Hubo gente que partiendo de escenarios parecidos construyeron un imperio. Tú no. Te limitaste a heredar lo inaprensible, lo que no da más que para este texto de dos minutos. Y de pronto volverá la oscuridad del cuarto a 323 kilómetros del sitio con el que sueñas en pasado. La oscuridad que hace que se apaguen las luces del mundo, como cuando enchufabas aquel radiador y la luz se iba, y te quedabas aterido en el baño, esperando a que tu madre volviese a subir los plomos, tus pies intentando tocar la menor superficie posible, porque se helaban, se helaban, se helaban felices. 



FERNWEH

Hiraeth no es la única palabra que hace referencia a la amplia gama de nostalgias. De los inventores del doppelganger, presentamos fernweh. Se puso de moda con los confinamientos de 2020, y representa el casi enfermizo deseo de salir al mundo (lejano) a conocer lugares nuevos. Sin embargo, la primera vez que se usó fue en 1902 cuando Daniel Garrison Brinton en su libro The Basis of Social Relation habló de una actitud incómoda, por la imposibilidad de conocerlos todos, ya que la mayoría de los mortales no disponemos ni del tiempo ni del dinero que una actividad así supone. Pero ahora volvemos al asunto de la connotación. ¿Podría expresar el término fernweh la misma idea que en Alemania si se usara en España? Pues la respuesta vuelve a ser no, ya que precisamente se usa para hablar del deseo de viajar a lugares más cálidos donde la vida es más desordenada (básicamente lo que uno percibe cuando está de vacaciones). Goethe ya trató de “curar” su fernweh cuando abandonó Alemania (Weimar) y recorrió Italia de norte a sur durante dos años. La nostalgia no es por tu país de origen, sino que hablamos de una nostalgia a la inversa, como explica Nabokov en Mary

SAUDADE

Otra de esas palabras bellas que presumen de no ser traducibles. Se puso de moda en la literatura instagramera cuando Sara Carbonero decidió tatuársela, pero ha existido desde hace mucho. Me gusta mucho la definición de Gema Sánchez Cuevas: “saudade es la presencia de la ausencia”. 

Miguel Falabella:

Saudade de un hermano que vive lejos.

Saudade es una escalada de la infancia

Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más.

Saudade del papá que murió, 

del amigo imaginario que nunca existió…

Saudade de una ciudad.

Saudade de nosotros mismos,

cuando vemos que el tiempo no nos perdona. 

Duelen todas estas saudades. 

Pero la saudade que más duele es la 

saudade de quien se ama. 

Saudade de la piel, del olor, de los besos. 

Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.

Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.

Tu podías quedarte en la sala, y ella en el cuarto, sin verse, pero sabiéndose ahí.

Tu podías ir para el dentista y ella para la facultad, pero se sabían allí.

Tu podías pasar el día sin verla, ella el día sin verte, pero sabían del día de mañana.

Pero cuando el amor de uno acaba, o se torna menor, al otro le sobra una saudade que nadie sabe cómo detener.

Saudade es básicamente no saber.

No saber más si ella continúa sufriendo en ambientes fríos.

No saber si él continúa sin afeitarse por causa de aquella alergia.

No saber si ella todavía usa aquella mini.

No saber si él fue a la consulta con el dermatologo como prometió.

No saber si ella se alimentó bien últimamente por causa de esa manía de estar siempre ocupada.

Si él estuvo yendo a las clases de inglés, si aprendió a entrar en la Internet y encontrar la página del Diario Oficial.

Si ella aprendió a estacionar entre dos coches.

Si él continúa prefiriendo la cerveza oscura.

Si ella continúa prefiriendo jugo de naranja.

Si él continúa sonriendo con aquellos ojitos apretados…

Si ella sigue bailando de aquella forma enloquecedora…

Si él continúa cantando tan bien.

Si ella continúa detestando Mc Donald’s.

Si él continúa amando.

Si ella sigue llorando hasta en las comidas.

Saudade realmente es no saber!

No saber qué hacer con los días que son más largos, no saber cómo encontrar tareas que detengan el pensamiento, no saber cómo frenar las lágrimas al escuchar esa música, no saber cómo vencer el dolor de un silencio…

Saudade es no querer saber si ella está con otro, y al mismo tiempo querer.

Es no saber si él está feliz, y al mismo tiempo preguntar a todos los amigos por eso…

Es no querer saber si él está más flaco, si ella está más linda.

Saudade es nunca más saber de quien se ama, y mismo así doler.

Saudade es esto que sentí mientras estaba escribiendo y lo que tu, probablemente, estés sintiendo ahora después de leer…

‘En alguna otra vida, debemos haber hecho algo muy grave para sentir tanta saudade…’

NATSUKASHI

La nostalgia no siempre ha de tener ese punto de amargura. Muchos nos sentimos felices al recordar. Se trata de un recuerdo que fluye solo, que aparece casi de la nada, y que te transporta a un momento preciso o etapa indeterminada de tu vida en que fuiste feliz. Con razón dicen que la felicidad solo somos capaces de verla desde la distancia. Una vez guiado por tu recuerdo hasta ese punto de felicidad, tu cuerpo y tu mente responden llenándose de dulzura. Para este tipo de nostalgia, tenemos la palabra japonesa natsukashi

El japonés es una de las lenguas que más palabras “diferentes” nos proporciona, y que probablemente la RAE nunca acepte, y con razón, según los criterios que he ido esbozando aquí y que vuelvo a resumir. ¿Existe una palabra en español que se asemeje? Sí.¿Es usada por un gran número de hablantes? No.

ISAGIYOI 

Pureza de espíritu y ausencia de cobardía. En español tenemos fortaleza, denuedo, temple, gallardía. 

KINTSUJI

El arte ¿arte, capacidad?? de salir fortalecido ante la adversidad. A esta se aproxima la palabra resiliencia, cogida del inglés, y este del latín, introducida primero por el ecólogo canadiense Crawford Stanley Holling al referirse a la capacidad de un ecosistema de volver a su estado previo a una catástrofe. El término latino resilio habla de rebotar, de volver atrás, de manera imperturbable, de manera que en sicología, la resiliencia se refiere a la capacidad humana, individual o grupal, de que nos reboten los problemas, de permanecer incólumes y sigamos asumiendo nuestros proyectos de vida con entereza. La mayor diferencia con el término japonés, es que según este, la adversidad no nos deja igual, sino que nos hace más fuertes, aunque este pequeño matiz, ya se da por hecho según nuestra cultura de resistir la adversidad: lo que no mata, engorda; what doesn’t kill you makes you stronger

KAIZEN 

En línea con el positivismo anterior, tenemos kaizen, la mejora que se percibe gradualmente. Las cosas van a mejor poquito a poco. Y bien, ¿qué tenemos en español? ¿Mejora progresiva? También esos estupendos diminutivos. ¿Cómo está tu padre? Mejorcillo. Se me viene a la cabeza la diferencia entre mejora y mejoría, y consultando las diferentes acepciones de la RAE, en muchos casos son sinónimas, pero mejoría se usa mucho más para hablar de los avances en salud. 

MIRANAI

Aprender desde la observación. Viendo el partido olímpico entre la selección española de fútbol, y la costamarfileña, me llama mucho la atención el respetuoso silencio de la mayoría de aficionados japoneses. No abuchean, no gritan, se puede escuchar incluso el golpe del balón. Solo rompen el silencio los aplausos después de un lanzamiento fallido o no, o cuando un jugador se reincorpora al juego después de una caída. Dice Carlos Rubio que para muchos japoneses, “si han de recurrir a las palabras para comunicar sus sentimientos, no están comunicando nada”. A este silencio, individual, y de grupo, se le llama haragei o arte del vientre, con el que dejan muchas de sus declaraciones al poder del silencio o la insinuación. Cuando uno insinúa, lo hace para evitar la confrontación y mantener la armonía social (wa) y así no perder las formas frente al otro (tatemae). Para los japoneses, en el vientre (hara) se halla la verdad, en contraposición a nuestra parte externa o visible, propensa a engaños o malentendidos. 


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